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Cuernavaca, Mor. – Benito Castro Valdés, artesano del tejido de muebles, ha dedicado su vida a preservar un oficio que aprendió de su padre y que hoy transmite a su hijo Samuel, un joven de 14 años que nació prematuro con apenas 850 gramos y que, contra todo pronóstico, no solo sobrevivió sino que hoy trabaja a su lado creando piezas de palma, bejuco y fibras sintéticas.”

Samuel es un guerrero. Nació de 6 meses, pesó 1 kg y bajó a 850 g. Estuvo 3 meses en el Hospital de Perinatología en la Ciudad de México. Tuvo retina inmadura, anemia, convulsiones, pulmones inmaduros. Pero al salir del hospital, empezó a respirar por sí solo y hoy es un niño sano y muy trabajador”, relató Benito Castro.

Desde los 3 o 4 años, Samuel empezó a familiarizarse con los materiales; a los 5 o 6 ya metía sus primeras puntas, y hoy, a los 14, elabora sus propias piezas: canastos, sillas y salas. “Es importante conservar este oficio porque tiene que ver con nuestras raíces. Aunque haya máquinas, el trabajo manual es especial porque lo haces con tus manos”, afirmó el artesano.

Benito Castro, quien también sirvió en el medio militar antes de regresar al oficio familiar, destacó que el tejido artesanal sigue siendo valorado por quienes saben apreciar el arte, especialmente por turistas extranjeros en Tepoztlán. “El mensaje es que se animen a comprar sillas artesanales para que sigamos teniendo trabajo. Incluso una persona de 70 años vino a aprender y pagaba por enseñarle”, compartió.

El artesano expresó su orgullo de ver a su hijo siguiendo sus pasos y reiteró la importancia de transmitir este oficio a las nuevas generaciones. “Samuel, si le echa ganas, va a seguir con la tradición de artesanías en la familia”, concluyó. La familia Castro Valdés mantiene viva una tradición que combina técnica, historia y amor por el trabajo manual.

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