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Punto Por Punto TV

Cuernavaca, Morelos.- El gigante no ha caído. la bruma es densa, todavía flota a ras de suelo y el aire contaminado quema el pecho, pero el Mercado Adolfo López Mateos amanecíode pie. Las llamas consumieron pasillos, y arrasaron con el sustento de decenas de familias en cuestión de minutos, pero la nave insignia del comercio en Cuernavaca sigue latiendo.

Todo comenzó en el vientre del mercado. De acuerdo con los primeros reportes, las llamas brotaron de pronto en el área de materias primas, justo a un costado de las zapaterías. En la penumbra de la noche, lo que pudo haber iniciado como un cortocircuito se transformó en un infierno rampante que encontró combustible inmediato en el plástico, el cartón y el papel de los pasillos contiguos. El fuego no dio tregua: las nubes de humo negro pronto rasgaron el cielo de medianoche y activaron una carrera contra el tiempo en la que 120 elementos técnicos de 16 corporaciones batallaron incesantemente bajo el Sistema de Comando de Incidentes hasta sofocar la última llama a las 04:50 horas de la mañana.

“Fue pérdida total de la mercancía, de lo que lleva en todo… se perdió la venta, se perdió todo” suelta Luis Jiménez con la voz fragmentada y los ojos fijos en el suelo carbonizado.

Luis es locatario y comerciante de fruta. Llegó a ciegas desde la colonia Valle Alegre en la alta madrugada, impulsado únicamente por el tono desgarrador de una llamada telefónica que le avisaba que el centro de su vida ardía en llamas. A sus espaldas, los anaqueles que debían vestir las mesas patrias este 15 de septiembre lucen hoy irreconocibles bajo una pesada capa de hollín. Como él, decenas de comerciantes se arrojaron a la penumbra para encarar el fuego hombro a hombro con sus compañeros, con botes de agua y lo que tenían a la mano, viendo cómo el crédito con el que surtieron sus locales para la venta más importante del año se convertía en aire negro.

Cuando la luz del amanecer abrió paso entre la bruma gris, la conmoción mutó en ruego e indignación. Los líderes de los mercados y los locatarios golpeados por el siniestro elevaron un llamado urgente a las autoridades municipales y estatales: apoyos financieros de emergencia y esquemas de reembolso para amortiguar las deudas a crédito que amenazan con ahogarlos.

Sin embargo, a escasos metros del área acordonada por las autoridades, ocurre el milagro cotidiano. Quienes no sufrieron pérdidas directas han levantado sus cortinas metálicas. El olor a carbón no ha logrado sofocar el aroma del café caliente ni el ruido seco de las diablitas cargando cajas en los pasillos funcionales.

El Mercado Adolfo López Mateos no es solo una estructura de concreto y lámina; es la arteria por la que late el corazón popular de Cuernavaca. En la víspera de la fiesta nacional, cuando el luto amenazaba con paralizar la ciudad, la consigna es clara: el mercado está de pie y la mejor forma de abrazarlo es no dejarlo solo.La nave que resulto intacta continúan operando con normalidad. Volver a sus pasillos iluminados, consumir local y tender la mano a su gente es la única vía para que el gigante se levante, una vez más, de entre las cenizas.

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