
Cuernavaca, Mor. – Este viernes 2 de octubre, Cuernavaca volvió a marchar. A 58 años de la matanza de Tlatelolco, estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos partieron de la Glorieta de Tlaltenango con destino al Tribunal Superior de Justicia. Vestidos de negro y blanco, cientos de jóvenes avanzaron por las calles del centro, pero esta vez el reclamo no era solo histórico.
En 1968, alrededor de 10 mil personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas para un mitin estudiantil. Cerca de las 17:55, dos helicópteros sobrevolaron la plaza. Bengalas lanzadas desde un edificio cercano fueron la señal. Cinco mil soldados y 200 tanquetas rodearon a los asistentes. Comenzaron los disparos. Murieron al menos 40 personas en el lugar, pero las cifras extraoficiales hablan de cientos de decesos, heridos y desaparecidos.

Hoy, en Cuernavaca, la memoria de ese día se entrelazó con una lista de nombres que la comunidad universitaria no está dispuesta a olvidar. La marcha partió a las 13:00 horas de la Glorieta de Tlaltenango. El contingente avanzó hacia el Tribunal Superior de Justicia, donde el magistrado presidente, Juan Emilio Elizalde Figueroa, ordenó colocar protecciones en el edificio ante posibles daños.
Los nombres que se exigieron justicia este 2 de octubre son varios. Christian Shamed y Gael, estudiantes de 17 años de la Preparatoria 2 de la UAEM, fueron asesinados a balazos la noche del 26 de septiembre en la colonia Chulavista. Ángel Miguel, también estudiante, resultó herido en el mismo ataque. Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de intercambio en la UAEM, fue asesinada el 12 de septiembre en Cuautla. Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Fuentes, tres estudiantes de la UAEM, fueron localizadas sin vida entre marzo y junio de 2026. Dorian Alí Olivo y Viridiana Morales permanecen desaparecidos.

La convocatoria, emitida por Resistencia Estudiantil, la Red de Estudiantes de Posgrado y otros colectivos, pedía a los asistentes vestir de negro o blanco. El punto de llegada era simbólico: el Tribunal Superior de Justicia, la institución que debería garantizar que estos casos no queden impunes. En los días previos, el gobierno estatal colocó tablas en ventanas del Palacio de Gobierno y sucursales bancarias del centro. El TSJ hizo lo propio en su sede.
Pero la jornada no terminó en el Tribunal. La marcha derivó en actos de vandalismo que dejaron daños materiales en el centro de Cuernavaca. Los manifestantes arremetieron contra sucursales bancarias, donde realizaron pintas y destrozos en las fachadas y ventanillas. Al llegar al Tribunal Superior de Justicia, quemaron las tablas que protegían el edificio, mientras las llamas consumían la madera colocada días antes para resguardar los cristales.

La violencia escaló hasta Palacio de Gobierno. Ahí, los manifestantes rompieron los vidrios de la fachada, incendiaron una de las oficinas en la planta baja y lanzaron piedras que destrozaron los cristales del segundo piso. El estruendo de los impactos se mezcló con las consignas y el humo que salía del inmueble. La sede del poder estatal quedó marcada por la furia de una protesta que exigía justicia, pero que terminó dejando su propia huella de destrucción en el corazón de la ciudad.
La marcha de este 2 de octubre en Cuernavaca no solo conmemoró a los caídos de 1968. Recordó que, 58 años después, los estudiantes mexicanos siguen saliendo a las calles para exigir lo mismo que entonces: justicia, seguridad y el derecho a no ser olvidados. Pero esta vez, la memoria también quedó manchada por los destrozos y el fuego. Los nombres de Christian, Gael, Claudia, Kimberly, Karol, Michelle, Dorian y Viridiana se suman a una memoria que no se borra, aunque el camino para exigir justicia aún esté lleno de escombros.