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Punto Por Punto TV

Por Ángel Álvarez.

Cuernavaca, Morelos.- La deflagración de la pipa de gas LP dejó viviendas dañadas, familias afectadas y una colonia marcada por el impacto de la emergencia. Sin embargo, entre calles todavía golpeadas por lo ocurrido, los propios vecinos han convertido la solidaridad en una forma de acompañar a quienes lo perdieron todo o enfrentan dificultades para recuperar su vida cotidiana.

A varios días del siniestro, la ayuda no se detiene. Vecinos se han organizado para reunir y repartir agua, alimentos, guisos y artículos de primera necesidad, mientras otros colaboran en la limpieza, acomodan las donaciones y apoyan en las tareas que todavía hacen falta dentro de la colonia.

María Isabella Avilés Martínez llamó a la ciudadanía a sumarse a esta cadena de apoyo y aseguró que los donativos son entregados directamente a las familias afectadas. La petición, coinciden otros habitantes, es que la solidaridad no sea solamente durante los primeros días, porque las consecuencias de la deflagración permanecerán por mucho más tiempo.

Silvano Sánchez y María Hernández Gutiérrez señalaron que, aunque distintas dependencias han acudido a brindar apoyo, las necesidades siguen presentes y por ello pidieron que la atención continúe. “Que la ayuda no sea momentánea”, es el llamado de quienes permanecen en la zona y conocen de cerca lo que todavía enfrentan sus vecinos.

Pero la tragedia también dejó historias que conmueven. Entre los afectados apareció un perro delgado y con algunas heridas, que permanece en la colonia a la espera de que sus dueños regresen por él. Los vecinos creen que podría pertenecer a alguna de las familias afectadas o incluso a una persona que resultó lesionada, pues aseguran que, de no ser así, probablemente el animal ya habría abandonado la zona.

Mientras intentan localizar a sus propietarios, los habitantes también buscan quién pueda brindarle atención y un hogar temporal. Es una escena más de una colonia donde, entre escombros, necesidades y recuerdos de la emergencia, también hay personas que se detienen para cuidar a quienes quedaron atrás.

La deflagración golpeó a Las Granjas, pero la respuesta de sus habitantes ha mostrado otra cara de la tragedia: la de una comunidad que comparte lo poco o mucho que tiene, prepara comida, reparte agua, limpia, organiza donativos y acompaña a sus vecinos. Porque cuando la emergencia termina para las cámaras y las autoridades, para quienes viven ahí comienza una recuperación que todavía necesita de todos.

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